Alexander

Mi nombre es Alexander. Yo sirvo como consejero/mentor del curso bíblico diseñado para ayudar a las personas que están atrapados en adicciones sexuales diversas como lo son: la masturbación, la pornografía, el adulterio, el homosexualismo, etc.

Si te sientes esclavo de alguno de estos pecados, los cuales constituyen rebeliones directas a lo establecido por Dios, yo sé bien lo que  estás sufriendo porque yo mismo estuve durante muchos años atado a varios pecados sexuales y depravaciones, y llegué a pensar que ya no tenía ninguna esperanza. Yo era un hombre de doble ánimo, inconstante en mis caminos, porque aunque parecía que a veces anhelaba ser libre de los vicios sexuales que me dominaban, y oraba y hasta lloraba con frecuencia, una vez pasado el momento de remordimiento, pasaba por épocas de completo abandono, para volver a revolcarme en la pocilga del pecado sexual.

Creí por mucho tiempo la mentira de que los seres humanos somos básicamente buenos, me creía una buena persona, (excepto por ese detalle de los vicios secretos), ignorando que la Biblia afirma que todos nos hemos descarriado y que hemos despreciado la santa ley de Dios constantemente.

No era honesto, engañaba muchos y también a mí mismo me engañaba, porque pensaba que mi condición era muy diferente de la de los demás, que mi situación y mi carácter eran un caso especial y difícil y que mis problemas eran más grandes que los de los demás. Esto me servía de excusa  y no reconocía la gravedad de mi pecado y la condenación que merecía, porque no vivía en Cristo. Evitaba pensar en la condenación que merecen los hipócritas que viven practicando pecados secretos.

En el pasado, por más de 15 años había vivido en el desenfreno, en toda clase de vicios e inmoralidad sexual, pero por medio de una experiencia muy traumática, porque una de mis “parejas sexuales” fue diagnosticada con el virus del SIDA y que, por razones que solo Dios conoce, yo no fui infectado, comencé a reflexionar seriamente en cuanto a mi destino.

Al considerar esta situación tan particular de haber sido librado del SIDA; fui impactado en mi corazón y comencé a ir a una iglesia, y por algún tiempo todo fue maravilloso y comencé a involucrarme mucho en el servicio cristiano, pero eventualmente, volví a caer presa del vicio, pero ahora, de manera más oculta. Vivía con culpa y miedo constante de ser sorprendido, pues frente a las personas tenía una apariencia de siervo de Dios, pero en realidad no podía dominar mis impulsos, más bien, me sentía otra vez dominado.

Yo sufría mucho, sintiéndome hipócrita, pero también, sufría por la cantidad de intentos que había realizado – sin poder cambiar – y entonces, tantos fracasos me trajeron una gran desilusión, me sentía decepcionado de mí mismo y de la vida. Estoy convencido de que no hay nadie más infeliz que un creyente caído. Fue un verdadero tormento sentirse otra vez como si el pecado dominara en mi vida.

Pero hoy puedo asegurar que sí hay Libertad en Cristo, aún para el más vicioso y para el que se siente atado por fuertes cadenas de pecado e iniquidad.

¡Cristo vino a libertar a los cautivos! y yo soy uno de esos cautivos que fueron libertados.

Te aseguro que ahora vivo una vida de libertad, sin miedo de ser sorprendido y mi profesión cristiana ya no consiste en palabras o emociones pasajeras sino que se refleja en la forma en que vivo. Disfruto de un compañerismo con Cristo cada vez más cercano y me siento muy satisfecho sabiendo que mi vida sexual también honra a Dios, y aún más: ahora tengo el privilegio de servir como mentor en Liberando a los Cautivos ayudando a otros a hallar libertad en Jesús, porque por la gracia de Dios, dejé para siempre de vivir un cristianismo de palabras y apariencias, para experimentar la libertad prometida por el Señor.

Hoy puedo decir con honestidad que el Evangelio es verdaderamente el poder de Dios en Cristo que transforma al pecador por el Espíritu Santo y a través de Su Palabra. Dios nos salva no solamente de la culpa del pecado y su justa condenación, sino que nos rescata del poder del pecado. Ningún cristiano verdadero debe ser esclavo del pecado.
Si deseas ingresar al curso, envíame un correo de confirmación, contándome algo de tu testimonio. ¿Cuál es tu relación con Dios? ¿Cuáles son las luchas más frecuentes que tienes en cuanto al sexo? Procura ser completamente sincero y honesto para facilitar la forma en que pueda ayudarte.

El curso consiste en 13 lecciones en video y para cada una de ellas se te asignará material adicional de tarea.

Los mentores estamos en constante oración por nuestros estudiantes, y desde ahora cuentas con ello, pero por favor contesta este mensaje para confirmar si lo has recibido. Debo decirte que son muchos los que piden ayuda y envían su solicitud pero son muy pocos los que demuestran que su interés es genuino y serio tomando el curso y perseverando en él. Las solicitudes que llegan se cuentan en cientos de ellas por mes, pero los que alcanzan a finalizar el curso son solo unos cuantos, quiera Dios que seas de los pocos que perseveran para alcanzar la libertad en Cristo.

 

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