Adrián

Nací en un hogar cristiano y desde pequeño fui a la iglesia. Realicé mi primera profesión de fe cuando tenía 5 o 6 años, pero fue hasta los 11 años cuando creo haber entendido el Evangelio y haber sido impactado por la Palabra de Dios por medio de una predicación que escuché.

Tenía hábitos piadosos como leer la Biblia y orar todos los días, era buen alumno en el colegio y bastante obediente en el hogar y eso me hacía sentirme bien y confiado en mi comunión con Dios, pero en mi adolescencia fui grandemente influenciado por la televisión en lo referente a lo sexual. Esto despertó deseos que me llevaron a la masturbación. Yo sabía que algo estaba mal pero por la falta de conocimiento y enseñanza sobre el tema, calmaba mi conciencia pensando que era la forma de satisfacer mis deseos mientras no me casara.

Dios me disciplinó varias veces con problemas de mi salud por causa de mi desobediencia y eso me llevó a poner freno a ese hábito, pero solo temporalmente. En mi deseo de buscar a Dios y crecer espiritualmente fui a Estudiar la Biblia a un Instituto Bíblico. Durante ese tiempo crecí mucho, meditando en la Palabra de Dios y formé hábitos piadosos pero aún así, de vez en cuando, caía en la auto-gratificación. Estaba totalmente involucrado en el Servicio al Señor y deseaba ser misionero o pastor pero esas caídas me hacían sentir muy triste y deprimido. Cuando finalicé mis estudios de teología, seguí sirviendo al Señor en la iglesia, muy involucrado como líder de jóvenes, trabajando y estudiando en la universidad. En este tiempo vivía solo y cuando tuve disponibilidad de tener una computadora y privacidad, empezó una nueva etapa de caídas en el área de la pornografía. Eso fue mucho más destructivo y deprimente que antes, pues ya había estudiado la Biblia, ya tenía conocimiento de Dios y porque había entregado mi vida a Él para servirle. Sin embargo, la curiosidad y la lujuria eran más fuertes y caí en ese pecado. Lo que comenzó por curiosidad me llevó luego a repetidas caídas cíclicas y esto hacía más grande el sentimiento de culpa, la tristeza y el desánimo. Servía a Dios con la conciencia cargada de pecado, con un temor constante a la disciplina de Dios y reconociendo que no podría crecer hasta tanto no encontrara libertad en esa área.

Pedí consejo varias veces pero no recibí algo que me ayudara a encontrar la libertad sino solo un consuelo momentáneo. Se hacía muy difícil encontrar a alguien de confianza para hablar y pensaba que me condenarían, además tenía miedo. Temía perder mi oportunidad de servicio en la iglesia, mi reputación, o ser disciplinado y pasar vergüenza públicamente. Durante este tiempo, solo clamaba a Dios misericordia y poder ser libre. En mi desesperación buscaba libros que hablaran sobre el tema y mensajes que me ayudaran a encontrar una respuesta pero nada parecía dar con la clave. Llegué a compartir con algunos amigos para desahogarme y mi di cuenta que era una lucha muy frecuente, pero no podía conformarme con que era algo de todos, yo quería una salida pues era un tormento para mi alma y no podía decir con sinceridad que amaba a Dios si continuaba cayendo en esto. Predicaba libertad pero no era completamente libre, hablaba a las personas de Cristo como Salvador pero yo necesitaba Él me salvara de este pecado, discipulaba a otros sobre la importancia de la santidad pero yo seguía actuando como si no la buscara. ¡No podía seguir así!

Un día recuerdo que me propuse buscar en internet un libro que un amigo me había recomendado sobre las luchas contra la inmoralidad sexual, sin embargo, esa búsqueda me llevó a conocer varios ministerios online que ofrecían ayuda para quienes estaban cayendo en hábitos sexuales pecaminosos, de todos ellos, el que me pareció más serio y bíblico fue Setting Captives Free.  Ese día hice mi primera lección. Fue maravilloso aprender de la Palabra, ser confrontado y animado a tener esperanza de que sí es posible vivir en libertad. Durante el curso tuve varias caídas y de hecho lo reinicié varias veces, no estaba dispuesto a permanecer en derrota y sabía que en esos principios bíblicos estaba la salida. Las lecciones se fueron clavando en mi mente por repetición hasta que bajaron a mi corazón, mi mentor me ayudó mucho a humillarme y clamar a Dios y Dios en su gracia me concedió libertad.

Hoy puedo compartir con otros esta esperanza y ayudar a otros en el proceso de restauración y libertad completa. ¡No te des por vencido! Sigue buscando a Dios. Sólo en él encontrarás verdadera esperanza y libertad. ¡Este curso puede ayudarte a lograrlo!

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