Julio

Parte de lo que Dios ha hecho en mi vida se lo debo al Ministerio Settings Captives Free, cuyos cursos bíblicos me fueron de gran ayuda y por el cual pude conocer a un excelente Mentor que me dio el cuidado que necesitaba en esos momentos de cautividad en la que yo me encontraba.

Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa (Efesios 2.3)

Este versículo puede resumir como me encontraba en el pasado.
Desde mi infancia estuve envuelto con muchos pecados de carácter inmoral atado por la masturbación, la pornografía, la lujuria, prácticas homosexuales y fornicación.
A la edad de 16 años me involucré en una iglesia local donde “serví” por muchos años, hice todas las actividades posibles que se requieren para poder aparentar que había tenido un verdadero cambio y yo mismo llegué a creerlo, porque dejé muchas cosas de mi vida anterior: la forma de vestir, la música que escuchaba, las amistades con los que yo compartía, hasta los lugares que visitaba y me sentía feliz porque la practica esporádica relacionada al homosexualismo ya no tenía control en mi vida y mi hombría había sido confirmada en todo este tiempo. Era feliz por pensar en que mi vida estaba resuelta por tener conocimiento de la Biblia y de Dios y por que estaba involucrado en la mayoría de actividades de la iglesia a la que asistía. Pensaba que era una buena persona, que había tenido bastante éxito en la “vida cristiana”, las personas me respetaban, porque era un buen expositor de la Palabra y pude estar involucrado ya sea dirigiendo o promoviendo a un Cristo que realmente – ahora lo digo con certeza – “yo no conocía”. Profesaba de labios a Cristo pero mi corazón no había cambiado.
Las caídas continuas en pecados como la fornicación, visitar Night Clubs y un deseo incontrolable por la pornografía, me hicieron ver que yo no había nacido de nuevo. Estando en el servicio, me di cuenta que mi estilo de vida era como la del resto del mundo, era una conversión falsa y ficticia y había aprendido a aparentar ser alguien que no era. El estar involucrado en tantas actividades en la iglesia contribuía a que siguiera engañado pensando que servía a Dios, pero caía constantemente y volvía a levantarme si considerar que esto era un circulo vicioso y en pocos días iba a estar en la misma condición, inundado por la culpa y la decepción de mi mismo. Así que, confesé mi pecado a mi pastor local, ayuné, oré, dejé el servicio en el que estaba involucrado, muchas veces preguntaba el por qué de mis fracasos si estaba haciendo todo “a la perfección”, precisamente ese era uno de los grandes problemas, estaba viendo mis justicias, mis meritos, mis propios métodos y las cosas buenas que había hecho, para que Dios viera que yo me esforzaba.
El Señor empezó a hacer la obra en mi vida. Puedo decir con toda seguridad que Dios ha tenido misericordia de mí. Hice el Curso de 60 Días (Libertad Pura) y para ser honesto, volvía a caer, pero tras mucho tiempo de dolor, suplica al Señor, Dios mismo proveyó los medios de gracia para que yo obtuviera el perdón, y entonces me dio su salvación. Pude comprender que ”los que nacen de nuevo, no lo hacen como resultado de la emoción o el esfuerzo e iniciativa humana, si no que completamente obra de Dios” (San Juan 1:13)
Al escribir este testimonio (Agosto, 2012), tengo más de 5 meses de haber sido libre del pecado. En los muchos años que estuve involucrado en una iglesia no podía sostenerme ni tan solo 20 días ya que como he dicho, volvía al mismo lugar, volvía al lodo, al vomito de pecado y la vergüenza que esto trae.
Ahora puedo ver que Dios me ha salvado, no solo de la condenación, sino de mi PECADO y que ha cambiado mi corazón para siempre. Ahora en mi existe un odio al pecado que gobernaba mi vida y ahora hay armonía entre el estilo de vida que tengo junto a la profesión de fe que confieso tener. El señor me ha concedido el Arrepentimiento y la Fe. Por pura Gracia he recibido la Salvación, todo proviene de él y nada de nosotros. Gloria a Dios por que el Salva. “Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos”. Salmos 119:71. Amén.

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